Editorials / Miguel Ángel Saona Vallejos / Spanish

¿Feliz 2017?

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por Miguel Ángel Saona Vallejos @masaonav

Texto basado en el vídeo: ONU (2015): “THE PRICE OF EXCLUSION: Free & Equal (New York)

(translation in English here, in italiano qui)

En 2017 se celebra el 69º aniversario de dos hechos importantes, uno histórico-político y otro científico. Y como el 69 es un número que a todos nos gusta, me he animado a felicitar a todos con estos comentarios.

1948: Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

1948: Informe Kinsey sobre la sexualidad masculina en los Estados Unidos, en el cual se determina que al menos un 10% de la población es homosexual, un 46% son bisexuales, y un 37% ha tenido al menos una experiencia homosexual a lo largo de sus vidas. En 1953 se publicó un informe similar sobre la sexualidad femenina. Si bien es cierto que Alfred Kinsey, el principal responsable de esta investigación, prefería no utilizar tales etiquetas de homo, bi, o hetero, pues desde su punto de vista la sexualidad no es un concepto fijo, sino que puede cambiar con el tiempo, al no ser algo regido únicamente por lo biológico sino también por el aspecto psicológico de las personas.

1973: La Asociación Norteamericana de Psicología deja de considerar la homosexualidad una enfermedad, y en 1990 la Organización Mundial de la Salud, hace lo propio. Finalmente, se comprendió que la homosexualidad es tanto como ser zurdo o diestro, o tener la piel u ojos de tal color.

Hago esta declaración de intenciones para 2017 porque según encuestas recientes entre un 50% y un 66% de jóvenes Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB) de todo el mundo sufre acoso durante su edad escolar, y por ello un 33% decide faltar a clases o abandonar sus estudios. En pleno siglo XXI, muchos de estos jóvenes son rechazados por sus padres y familiares, los echan de sus casas, y terminan viviendo en las calles. En Los Estados Unidos, al menos un 40% de esos jóvenes sin techo en las ciudades mas importantes se identifican como LGTB. De esta manera, el acoso, el aislamiento, el rechazo, los empujan a muchos de ellos a consumir drogas y alcohol, con graves consecuencias en sus vidas. Así, la tasa de planear suicidio en jóvenes homosexuales es cuatro veces la de los heterosexuales, y esa cantidad se multiplica por diez cuando se habla de transexuales que lo han intentado.

Posteriormente, cuando estas personas LGTB empiezan a trabajar, también sufren discriminación en sus puestos de trabajo en todo el mundo.  Un estudio europeo ha hecho evidente que al menos un 20% de trabajadores sufre tal discriminación. Si esta es la realidad en Europa, es muy fácil imaginarse la situación de otros trabajadores LGTB en el resto del mundo.

Por otra parte, recientes investigaciones han establecido también que las tasas de desempleo, pobreza, falta de alimento, y depresión son mayores en el colectivo LGTB que en el colectivo heterosexual. Estas tragedias individuales, personales, por supuesto que repercuten en la sociedad a través de pérdidas de creatividad, talento, potencial humano, y productividad. En una palabra, repercuten en la economía nacional y mundial, según se ha demostrado en un estudio de 2014 en el que se analizó la relación entre el negado reconocimiento de derechos LGTB y el menor potencial económico de 39 países.

Sin embargo, hay personas que osan decir que el mundo estaría mejor sin los homosexuales.  A ellos hay que contestarles que intenten imaginarse el mundo sin pintores de la talla de Leonardo, Miguel Ángel, o Frida Kahlo; o sin escritores como Safo, Virginia Woolf, Shakespeare, Oscar Wilde, Audre Lorde, García Lorca, Alice Walker, Pier Paolo Pasolini, Proust, James Baldwin o Marguerite Yourcenar; o sin músicos como Tchaikovsky, Britten, Schubert, Ethel Smyth u otros contemporáneos tales como Ani DiFranco, Beth Ditto, Anhoni, Michael Stipe, Morrissey, Rufus Wainwright o Amanda Palmer; o como para esas personas el arte no interesa, entonces hablémosles de científicos tales como Alan Turing, Magnus Hirschfeld o Louise Pearce; filósofos como Michel Foucault o Judith Butler; economistas como Keynes, … ¿De veras el mundo sería mejor si todas estas personas no hubieran existido?

Y que tampoco digan que la homosexualidad “es una cosa de ahora e importada”; por ejemplo, en el Perú precolombino hay una gran cantidad de piezas de cerámica que muestran lo comunes que eran las prácticas homosexuales desde entonces.

En relación con la globalización, el Banco Mundial ha determinado a través de un estudio piloto que la discriminación LGTB cuesta a la economía mundial la cantidad anual de $32,000,000,000. Lo que significa menos dinero en impuestos, educación, salud, y otros servicios esenciales.

Todo ello llevó a la Organización de las Naciones Unidas a gestar una Comisión para analizar los derechos de las personas LGTB en el mundo en el año 2011, creándose la Campaña Libres e Iguales desde 2013 para luchar contra la discriminación, la violencia, la tortura, el secuestro y el asesinato por orientación sexual e identidad de género; y en junio de 2016 se nombró un Experto Independiente para la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género.

¿Debemos los homosexuales darnos por satisfechos con estos logros entonces? Pues no, aún no es suficiente. Según la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA), de 195 países que hay en el mundo, en 2016, todavía hay 73 países en los que la homosexualidad es delito; 13 castigan la homosexualidad con la muerte; solo 47 reconocen el matrimonio homosexual; y únicamente 27 permiten adoptar a parejas homosexuales.  Aún tenemos mucho por qué luchar, básicamente en nombre de la libertad y la igualdad. Exactamente como en su momento se logró aniquilar la segregación racial, y aún hoy se está luchando por la igualdad de géneros.

A propósito de esto, para las personas que son muy cristianas y no aceptan la homosexualidad “porque lo dice la Biblia”, como estoy seguro de que la han leído y analizado con detenimiento, permítanme recordarles que el término “homosexual” apareció por primera vez en 1868 (19 siglos después de Cristo), gracias a Karl-Maria Kertbeny, un escritor austríaco-húngaro. La ironía es que este hombre era un ferviente defensor de los derechos humanos en general, y luego el término empezó a usarse peyorativamente.  En general, la Biblia reprueba cualquier acto sexual fuera del matrimonio. Así, ese libro menciona la homosexualidad de manera indirecta, conjuntamente con otras actividades, únicamente ocho veces. En cambio, sí se mencionan muchas más veces otros términos tales como odio: 21 veces; mentira y falso testimonio: 30; avaricia: 40; robo: 42; adulterio: 52 veces; asesinato: 57; fariseísmo: 79; idolatría: 169 veces. Sobre todo, permítanme recordarles que la homosexualidad no se encuentra recogida en los Diez Mandamientos de la ley de Dios, ni tampoco es explícitamente uno de los siete pecados capitales. Por tanto, espero que les haya quedado demostrada la poca importancia que le daban a este tema quienes escribieron aquel compendio de historias.

Por último, si prefieren hablar de la “anti-naturalidad” de la homosexualidad, permítanme igualmente decirles que al menos 1,500 especies animales la practican, mientras que la homofobia únicamente se da entre humanos.

En conclusión, hago votos porque en 2017, en todo el mundo, independientemente de su nacionalidad, etnia, religión, o nivel socio-económico o cultural, todas las personas hagamos uso de la regla de oro de las relaciones humanas: “trata a los demás como quieres que te traten”. O si prefieren, vive tu vida y deja a los demás vivir la suya propia. En dos palabras, reciprocidad y respeto. Es lo único que les pido a mis familiares y amigos. Espero también que en 2017 los centros de trabajo sean más seguros, más justos, y más inclusivos y no discriminen a sus trabajadores LGTB, y que todos los países del mundo eduquen a sus ciudadanos a fin de lograr sociedades más libres, más iguales, y más prósperas.

¡FELIZ 2017!

#LibresEIguales

2 thoughts on “¿Feliz 2017?

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